Crónicas de una tatuadora aprendiz en Barcelona (que no piensa rendirse)

Si has caído en este artículo seguramente estás en una de estas dos situaciones: o eres tatuador/a aprendiz en Barcelona (o en cualquier otra ciudad) o tienes curiosidad por saber cómo es la vida de alguien que está intentando abrirse hueco en este mundo.

En ambos casos: bienvenida, bienvenido, pasa, que te cuento el salseo desde dentro.


Quién soy y qué pinto por aquí

Me llamo Regi Umiko, soy tatuadora aprendiz en Barcelona y mi obsesión se llama color: anime, vibes surferas, New School, Japón y todo lo que huela a personaje raro, graffitero y con energía propia.

Tengo mi higiénico sanitario, estoy dada de alta como autónoma y tatuar ya no es solo un sueño: es mi trabajo, aunque siga en esa fase deliciosa/caótica de “aprendiz que se curte estudio a estudio”.


Barcelona, estudios llenos y agenda a medias

Barcelona es una ciudad increíble para tatuar, pero también está llena de estudios potentes, agendas a reventar y cabinas que siempre parecen tener un cartel invisible de “hoy completo”.

Ahora mismo colaboro con algunos estudios de tatuajes en Barcelona (dos fijos y algún guest puntual), y eso ya es un mini milagro que celebro con cada sesión.

¿El plot twist? Que muchas veces me encuentro con huecos en la agenda porque las cabinas están llenas, los horarios no siempre encajan o las temporadas van cambiando. Y ahí empieza la aventura.


La vida entre cabinas: mochila, tablet y muchos emails

Mi realidad como tatuadora aprendiz en Barcelona se podría resumir en tres cosas: una mochila, una tablet y un Excel mental con horarios de estudios.

Hay días que me levanto, miro la agenda y pienso: “Vale, esta semana tengo X días en un estudio, pero aquí y aquí hay huecos donde podría tatuar si tuviera sillón”. Y ahí empieza el juego de Tetris profesional.

Escribir mails, mandar mensajes, preparar carpetas con mi portfolio, tener flashes listos, actualizar Instagram, cuidar la web… y todo esto mientras sigo estudiando, dibujando y mejorando técnica para estar a la altura cuando se abre una nueva puerta.


No es un drama, es fase del videojuego

Si tú también eres aprendiz, esto te sonará: enviar mensajes a estudios, esperar respuesta, cuadrar días, pelearte con tu propia inseguridad… Podría contarlo como un drama, pero yo prefiero verlo como un videojuego.

Cada vez que un estudio me deja usar una cabina, es como desbloquear una nueva pantalla: gente nueva, normas nuevas, formas distintas de trabajar, estilos que te inspiran y una montaña de cosas que aprender.

Y aquí viene la parte importante: esta etapa es normal. Que estés buscando estudios para colaborar no significa que seas “menos tatuador/a”, significa que estás construyendo el camino, paso a paso.


Lo que nadie te cuenta cuando dices “quiero ser tatuador/a”

Cuando dices que quieres tatuar, mucha gente se imagina solo la parte estética: dibujar, hacer diseños chulos, subir fotos a Instagram y ya. Pero entre la idea romántica y la realidad diaria hay un pequeño océano.

  • Horas de dibujo que nadie ve.
  • Formaciones, cursos, higiénico sanitario, papeleo y cuotas.
  • Mensajes y más mensajes a estudios para cuadrar fechas.
  • Sesiones en las que aprendes más de tus errores que de tus aciertos.

Y aun así, cuando ves un tatuaje curado semanas después y el cliente te escribe para decirte que lo ama, todo el caos tiene sentido.


Si eres aprendiz y estás leyendo esto: no te rindas

Este artículo no va de pedir estudios ni de lamentarse: va de decirte, mirándote muy fuerte a través de la pantalla, que no eres la única persona que está en esta etapa rara de “ya tatúo, pero todavía estoy construyendo mi sitio”.

Si tienes tu formación, tu higiénico sanitario en regla, pagas tus autónomos y estás haciendo las cosas bien, ya estás dentro del juego. No eres “aspirante eterno”: eres tatuador/a en proceso de evolución.

Lo que te toca ahora es insistir, mejorar tu portfolio, cuidar a cada cliente como si fuera el más importante del mundo y aprovechar cada cabina que te presten como si fuera tu templo.


Mis pequeñas victorias como tatuadora aprendiz en Barcelona

Yo también he tenido días de pensar “igual esto es demasiado”, pero luego me llegan cosas como estas:

  • Clientes que cruzan media ciudad para tatuarse conmigo porque les flipa el anime, el color o el toque japonés de mis diseños.
  • Mensajes de “cuando tengas hueco, me reservo el próximo brazo contigo”.
  • Estudios que me abren espacio en agenda porque ven que voy en serio y que cuido cada pieza.

Son detalles, sí, pero son también señales muy claras de que merece la pena seguir.


Consejos que me habría gustado leer cuando empecé

Si estás arrancando en el mundo del tatuaje, aquí van algunas cosas que estoy aprendiendo por el camino y que igual te sirven:

  • No esperes al estudio “perfecto” para empezar a moverte: empieza con lo que tengas, pero en regla.
  • Cuida tu estilo, pero también tu actitud: ser profesional, puntual y humilde abre muchas puertas.
  • Ten tu portfolio siempre listo y actualizado: web, Instagram, carpetas con diseños…
  • Déjate ver: convenciones, eventos, guest spots, cursos… donde haya tatuaje, hay oportunidad.

Y mientras tanto, seguiremos buscando cabinas (y dibujando)

Mientras escribo esto, sigo con mi agenda abierta, combinando días en los estudios con los que colaboro en Barcelona y buscando nuevos sitios donde encaje lo que hago: anime, color, New School y esa mezcla rara entre graffiti y Japón que se ha convertido en mi idioma visual.

Si has llegado hasta aquí porque también estás en modo aprendiz, o porque tienes un estudio y te apetece conocer mi trabajo, gracias por leer. Y si este texto te anima un poco a no soltar la máquina, entonces ya ha cumplido su misión.


Nos vemos en la próxima cabina (o en tu próxima idea loca)

Seguiré contando mis aventuras y desventuras como tatuadora aprendiz en Barcelona por aquí, en el blog y en redes. Entre surf mental, anime, graffitis y máquinas de tatuar, voy construyendo poco a poco el camino que quiero recorrer.

Si eres aprendiz, recuerda: nadie empieza arriba. Pero cada tattoo bien hecho, cada cliente contento y cada cabina que pisas te colocan un paso más cerca de donde quieres estar.

Y sí, nos seguiremos viendo entre agujas, tintas de color y muchas ganas de seguir creciendo.